Sixties Women Magical Mystery Tour

Paint a Lady: Leire Urbeltz y la nueva feminidad musical 1960s-70s por Jaime Cristóbal

“¿Dónde están las mujeres de la contracultura, las que querían amor y decían no a la guerra, las que querían drogas y paz? 
¿Dónde están en 2017?”, me preguntaba Leire al comienzo de esta aventura que la ha llevado por los Estados Unidos 
-gouache, acrílicos y rotulador en mano- durante más de cinco meses. Parte de su periplo ha consistido en perseguir su 
sombra, su rastro, y tratar de plasmarlo sobre el papel con hermosos colores pastel, recuperar sus imágenes para traerlas 
de vuelta al presente. Un conjuro que en el panorama actual resulta muy relevante, especialmente en aquel país, cuyo 
vendaval político reciente pilló a Leire pincel en mano, invocando el viejo mensaje de unas mujeres que afuera en la calle 
empezaba a resonar con una peculiar familiaridad casi 50 años después.A decir verdad, esas mujeres nunca se fueron. Quizá sus carreras desaparecieron, o perdieron influencia, como ocurre 
de forma natural en los ciclos de la música, especialmente en una escena tan ligada a las grandes luchas sociales y políticas 
de los sesenta y primeros setenta. Pero como veremos más adelante, la antorcha fue pasando de mano en mano, 
a veces más flameante, a veces menos, pero sin extinguirse nunca por completo, lista para avivar las llamas de 
tantos asuntos pendientes de la actualidad.




*Instalación en The Station Urban Office en El Paso, Texas (Estados Unidos), 2017.





La vanguardia de esta marea femenina la capitanearon sin duda las cantautoras folk: Joni Mitchell, Carole King, 
Janis Ian o Carly Simon, quienes desde mediados de los años 60 empezaron a reflejar en su música lo que llevaba 
ya tiempo bullendo en la sociedad norteamericana (y occidental en general): un tumultuoso clamor por un papel equitativo 
de la mujer en el mundo. Esos cientos de miles de voces que pedían el control de su destino, de sus cuerpos, que exigían 
la entrada en los espacios tradicionalmente reservados para los hombres, se empezaban a ver reflejados en una serie de 
mujeres artistas que estaban componiendo de manera confesional sobre su nueva realidad: la vida urbana, 
los problemas en las relaciones, las drogas, la política… o la felicidad y soledad de las artistas itinerantes (un aspecto 
este último que Leire sin duda ha experimentado en su viaje y que transpira en su serie de imágenes).

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Pero es un error habitual el pensar que esas cantautoras, en su reacción contra el rol de la mujer en la música popular más tradicional, fueron las únicas protagonistas de este cambio. Paralelamente, en otros géneros como el soul o el country, estaban surgiendo mujeres que por el simple hecho de estar iniciando carreras en solitario con un espíritu más independiente ya estaban en la primera línea de batalla por el derecho a expresarse con autonomía, con libertad. Dolly Parton es una de las primeras superestrellas de la música norteamericana que tomó el control sobre su música, sus derechos editoriales y su dirección artística (precediendo en varias décadas a artistas como Madonna) y ha servido de ejemplo a miles de artistas hasta la actualidad ya sólo por esa razón. En su reciente experimento en forma de podcast titulado ‘Reversal of the Muse’, la joven cantautora Laura Marling explora el rol de la mujer en la música y para uno de sus últimos capítulos entrevistó a Dolly y Emmylou Harris como indudables referentes. Aretha Franklin fue un icono de la lucha feminista y contra el racismo de los 60, y canciones como ‘Respect’ o ‘Think’ fueron verdaderos himnos de los movimientos sociales. Con todo, al igual que Dolly, su gran hazaña fue encarnar a un nuevo tipo de mujer en la música negra, más integral y dueña de su destino; suponía el inicio de una dinastía que ya había echado a andar de hecho un poco antes con artistas del blues como la gran Etta James, y que traspasando décadas llega hasta nuestros días con artistas como Beyoncé, cuyo disco más reciente, el alegato feminista ‘Lemonade’, sería difícil de entender sin la precursión de artistas como Aretha.


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En el mundo hippy de los 60 empezó a haber cada vez más espacio también para las mujeres en el rock. Precursoras 
de los 50 como como la gran Wanda Jackson eran más bien casos aislados. Sin embargo a partir de la nueva década 
surgen mujeres que definirían el sonido de sus bandas más allá de ser un mero adorno, como es el caso de Grace Slick 
de Jefferson Airplane, o directamente en solitario como Janis Joplin, la primera mujer en convertirse en icono de la 
historia del rock debido a su prematura muerte. La contracultura imbuyó buena parte del rock de final de la década y 
ese ambiente de apertura favorecería que cada vez fuesen más las mujeres que seguirían los pasos de éstas precursoras. 
Al otro lado de la frontera, pioneras como la mexicana Baby Bátiz revolucionaban la escena musical con actitudes 
transgresoras, rechazando explícitamente el rol de niñas buenas de los grupos de chicas de los primeros sesenta, cantando 
en inglés y resistiéndose a ser comercializadas.

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Y sin embargo, hasta en el lado comercial y los ‘girl groups’ había espacio para la reivindicación y la victoria en nuevas 
parcelas. A pesar de lo manufacturado de la mayor parte del pop comercial de chicas de los 60, supuso en realidad la 
gran avanzadilla en la que una generación de compositoras totalmente pioneras (Cynthia Weil, Ellie Greenwich o 
Carole King) empezaron por primera vez a escribir canciones que después cantarían otras mujeres. Con muchos temas 
lindantes con el amor romántico, es cierto, pero poco a poco introduciendo letras que apuntaban a las actitudes cambiantes 
sobre el rol de las mujeres, su autonomía sexual y el control de sus vidas. En su análisis de los grupos de chicas y su 
significado en la cultura de chicas de los 60 (“Girl Groups, Girl Culture: Popular Music and Identity in the 1960s”), 
Jacqueline Warwick resalta la gran importancia de este cambio, apuntando que el primer paso para abordar los problemas 
de las mujeres fue hacerlo con los problemas de las adolescentes frente a las imposiciones paternas y patriarcales: 
las Shangri-La’s son quizá el mejor ejemplo. Moldeada como el arquetipo de niña buena norteamericana, tan pronto como 
1963 Lesley Gore ya estaba cantando sin embargo ‘You don’t Own Me’, (‘no soy de tu propiedad’).

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De vuelta al folk, serían cientos las mujeres que en paralelo o motivadas por esas primeras cantautoras florecerían a partir de mediados de los 70. Leire elige en sus dibujos algunos casos interesantísimos, como Karen Dalton, la misteriosa música de Woodstock -y cantante favorita de Bob Dylan- que grabó un par de discos entre 1969 y 1971  luego desapareció, dejando el eco de su voz, como una Bessie Smith del folk, resonando todavía cuatro décadas después. Dalton aparece en las ilustraciones de Leire integrada en la naturaleza, algo que recoge muy bien el espíritu de una cantante que era de ascendencia cherokee, caso parecido al de otra maravillosa cantautora nativa-americana: Buffy Sainte-Marie. Leire ha retratado también a más folkies formidables pero esquivas: Linda Perhacs, redescubierta tras décadas de anonimato por su extraordinario disco de 1970 ‘Parallelograms’, o Susan Christie, cuyo ‘Paint a Lady’ sufrió parecida suerte hasta su redescubrimiento hace pocos años.


Algunas de las mujeres icónicas que aparecen en esta colección se hicieron populares a la sombra de hombres: 
Nancy Sinatra, a la de Lee Hazlewood. Yoko Ono, a la de John Lennon. Y Nico a la sombra de Andy Warhol y los 
miembros masculinos de la Velvet Underground. Y sin embargo todas ellas trascendieron esa sombra y acabaron siendo 
símbolos por mucho más que por poner la voz o dar la réplica: ‘These Boots Are Made for Walking’ es mucho más que 
un clásico casi ‘novelty’ de los sesenta: su mensaje feminista es muy claro: “uno de estos días estas botas van a caminar 
por encima de ti”. Yoko Ono no tenía sólo la sombra de un hombre por encima, sino la de un Beatle. Y sin embargo, 
conforme el tiempo ha transcurrido, se ha visto la gran influencia que tuvo ella sobre él, a nivel estético, poético y político. 
El propio Lennon reconocería años después que no dio suficiente crédito a canciones escritas por ambos y que luego 
firmaría sólo él. Ono sigue en la actualidad ligada a campañas por la igualdad y la paz igual que hace 40 años, verdadero 
testimonio viviente.

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Conforme avanzaron los 70, la visión de las mujeres con actitud libre sobre un escenario iría dejando de parecer una rareza. Mujeres como Patti Smith lanzarían un movimiento tan seminal como el punk. Todo este ascenso llegaría a una significativa cumbre en los últimos 70 y primeros 80, con la aparición de las primeras superestrellas femeninas (precursoras de su actual proliferación en el mundo del pop): Debbie Harry al frente de Blondie o Madonna. A partir de las siguientes décadas la normalización sería ya absoluta. ¿Se perdió algo en el camino? Lo que pasó simplemente es que la música dejó de llevar el mensaje para incorporarse éste en los personajes mismos: Madonna es un excelente ejemplo de empoderamiento en sí misma, más allá de su música, un modelo que sigue vigente hoy en día.


La enseñanza está sin duda en que ya desde aquellas pioneras de los 60 la lucha no tiene por qué estar tanto en la 
reivindicación explícita a través de un mensaje en las letras, como en simplemente el impulso salvaje de hacer algo libre, 
fuera de las convenciones de una sociedad anclada en la masculinidad. Todas ellas lo hicieron en mayor o menor medida 
y con cada uno de sus pasos se llegó adonde estamos.

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En todas las ilustraciones de esta colección Leire vuelca una hermosa visión mágico-realista de todas estas artistas: su personalísimo estilo de tintes fantásticos, muy europeo, se mezcla con los tonos pastel que inundan las carreteras americanas que ha recorrido durante meses. El resultado es una colección que visualmente recoge magistralmente la esencia de todas estas féminas: de Karen Dalton o Sandy Denny se aprecia esa belleza y melancolía solitaria propias de la trovadora itinerante. En sus retratos de Dolly Parton o Nancy Sinatra resaltan el lujo y la brillantina glamourosa como empoderamiento. En Janis Joplin el aura mágica de la psicodelia, en Baby Bátiz la rebelión contra lo establecido, en 
Yoko Ono el equilibrio de la protesta serena.

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